El reconocimiento
El reconocimiento es clave para el desarrollo de la persona: todos necesitamos sentirnos validados emocionalmente. Todos necesitamos ser reconocidos. No es una cuestión de orgullo, egoísmo o inmadurez. En absoluto, el ser humano, desde sus etapas más tempranas, necesita del respeto y el cariño de todos aquellos que le rodean, ahí donde queda implícito ese reconocimiento sincero hacia nuestra persona.Se pone de manifiesto con este acto nuestro valor como ser humano: como alguien que es querido y merece ser amado. Se reconocen nuestras virtudes y nuestras capacidades para avanzar y conseguir cosas. Para ser feliz con madurez e integridad. Bajo esta dimensión esencial se halla además la fuerza de esos vínculos de apego que nos dan confianza y que nos ayudan a crecer.
Nuestros padres, nuestra familia, es el primer círculo social encargado de darnos reconocimiento, respeto y cariño. Más tarde, y a través de las relaciones sociales, obtendremos también reconocimiento de amigos y parejas. Pero, al igual que aceptamos recibirlo, también es esencial saber ofrecer reconocimiento a los demás.
Si yo percibo que mi entorno más íntimo y cercano me valora, creceré con mayor seguridad. Si mis maestros, mis compañeros y jefes del trabajo aprecian lo que soy y lo que hago, estaré usando ese valioso reconocimiento para fortalecer mi autoconcepto y mi autoestima.
En un estudio que realizó la Universidad de Stanford para averiguar de qué factores dependía el rendimiento y la felicidad de los trabajadores en las empresas, resultó que el reconocimiento era más apreciado incluso que el propio salario.
El reconocimiento nos recuerda que merecemos respeto, ofrece autoconfianza, se aprende a tener control sobre mí mismo y hace crecer. No se necesita a cada instante y a cada hora que nos digan lo bien que hacemos las cosas, se espera que lo sepamos porque lo hemos aprendido. Si lo estoy constantemente necesitando, entonces, lo que estaré mostrando es una clara inseguridad en mi persona.